¿A qué enfoque y modelo pertenece
nuestras prácticas laborales en contextos comunitarios?
La presente intervención psicosocial dirigida a
personas adultas mayores se fundamenta en una concepción integral de la salud
mental, entendida como un proceso dinámico que se construye en interacción con
el entorno social, los vínculos afectivos y las experiencias significativas a
lo largo del ciclo vital. Frente a problemáticas como la soledad, el
aislamiento social y la sintomatología de ansiedad y depresión, se propone una
intervención comunitaria basada en el cuidado, el acompañamiento y la
participación activa de los sujetos, utilizando el arte y la estimulación
multisensorial como estrategias terapéuticas. Desde esta perspectiva, la
intervención se inscribe en el enfoque comunitario y de cuidados, y se sustenta
teóricamente en el modelo de envejecimiento activo.
Enfoque
comunitario
El enfoque comunitario se evidencia en la
comprensión de la soledad y el malestar emocional en la adultez mayor como problemáticas
de carácter social y relacional, que trascienden el ámbito individual. Estas
experiencias se encuentran estrechamente vinculadas a la pérdida de redes de
apoyo, la disminución de la participación social y la ruptura de roles
significativos dentro de la comunidad. En este sentido, la intervención
prioriza el trabajo grupal como un espacio de encuentro, intercambio y
construcción colectiva de bienestar.
Asimismo, el desarrollo del programa en un centro
comunitario de cuidados permite situar la intervención en un contexto real de
convivencia y socialización, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la
integración social de los adultos mayores. El grupo funciona como un
dispositivo terapéutico que favorece el apoyo mutuo, la validación emocional y la
reconstrucción del tejido social, elementos centrales del enfoque comunitario
en salud mental.
Enfoque
de cuidados
El enfoque de cuidados atraviesa toda la
intervención al promover un acompañamiento sensible, respetuoso y humanizado de
las personas adultas mayores, reconociéndolas como sujetos activos con
historia, saberes y capacidades. El cuidado se concibe como una práctica
relacional que va más allá de la atención de síntomas, priorizando la
presencia, la escucha y la contención emocional en espacios seguros y
significativos.
El uso del arte y la estimulación multisensorial se
constituye como una estrategia de cuidado no invasiva, accesible y adaptada a
las características propias de la adultez mayor. A través de los sentidos y la
creación artística, se facilita la expresión emocional, la reminiscencia
positiva y el autocuidado, contribuyendo al fortalecimiento de la autoestima y
del bienestar subjetivo. Además, la inclusión de familiares y cuidadores
mediante estrategias de acompañamiento permite extender el cuidado al entorno
cotidiano, promoviendo la corresponsabilidad comunitaria.
Modelo de envejecimiento activo
El Modelo de Envejecimiento Activo sustenta
teóricamente la intervención al concebir la vejez como una etapa del ciclo
vital caracterizada por la participación, la autonomía y la construcción
continua de sentido. Este modelo promueve el bienestar integral de las personas
adultas mayores a través del fortalecimiento de sus capacidades físicas,
cognitivas, emocionales y sociales, fomentando su rol activo dentro de la
comunidad.
Desde este modelo, la intervención incentiva la
participación social, la expresión creativa y el involucramiento activo de los
adultos mayores en actividades significativas. El arte y la estimulación
multisensorial se utilizan como herramientas que favorecen la activación
emocional y cognitiva, el intercambio social y la resignificación de la
historia de vida. De esta manera, el Modelo de Envejecimiento Activo se
articula coherentemente con el enfoque comunitario y de cuidados, promoviendo
una experiencia terapéutica que reconoce a las personas adultas mayores como
protagonistas de su bienestar y como sujetos con capacidad de crear, compartir
y dejar un legado.
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